Juan Calixto

Juan Calixto; pescador y armador

 

      • Tras más de 30 años en la mar ahora estoy retirado y mi hijo es el patrón de mis dos barcos: el San Pedro y el Álvaro III.
      • Soy de familia de pescadores, mi padre era pescador pero yo a los nueve años comencé a trabajar en la agricultura. Cuando me casé mi padre me dijo que dejara el campo y volviera al mar y me ocupara de “todo esto de la pesca familiar”. Debe ser que me encontró más sensato que a mis otros hermanos aunque todos somos pescadores.
      • Antes la pesca era mucho más dura que ahora. Se trabajaba en barcos pequeños a remo y a vela. Se observaba el mar y la tierra para ver dónde estaba el pescado y para volver a casa. Nada de aparatos técnicos que hay ahora.
      • Y aunque parezca mentira, antes vivíamos mejor porque éramos menos personas viviendo de la pesca, no había pescadores deportivos y además no teníamos tantas normativas. Ahora con tantas normas parece que nos ponen más difícil trabajar.
      • En esta profesión no hay días de fiesta ni de descanso. Si la mar está buena se sale a pescar y solamente descansas si no puedes salir al agua.
      • Aunque dicen que los jóvenes no saben de pesca yo afirmo que mi hijo sabe mucho más que yo. El está preparado, estudió, tiene más formación y tecnología.
      • El día más duro de mi vida fue una noche que mis hermanos y yo salimos a pescar “pota” y como salió la luna y la “pota” no subía decidimos volver por “el roque”. La luz de una fábrica que había en la costa no nos dejaba ver y uno de mis hermanos escuchó que el mar estaba chocando contra “el roque” pero no se veía nada. Ellos se echaron al mar pero yo me quedé en el barco cuando de repente sentí un estruendo. El barco encalló contra una roca y mientras se hacía añicos me dio tiempo de juntar unos tablones y atarlos con mi cinturón para usarlos como flotador. Cuando me disponía a dejar la roca y nadar con esa balsa improvisada se me apareció la Virgen del Carmen y me dijo que no me tirara al agua; y fue entonces cuando sentí unas voces de quienes venían a rescatarme con un barco. Ahora sé que no era la Virgen sino mi cabeza pero yo aún recuerdo esa imagen que me salvó la vida como si fuera real.