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Un poco de historia

SAN CRISTÓBAL: marineros urbanos

No existe una sola familia de este barrio que no esté ligada al mar. Sus tradiciones y su vinculación a la pesca no se han visto alteradas por su integración en una gran ciudad. Al contrario, se benefician de esta cercanía incorporando las ventajas de la urbe, y nutriendo a su vez a los visitantes de sus tradiciones y sabiduría marineras.

Gracias a la ubicación de la cala de “La Puntilla”, un refugio perfecto para los barcos por la seguridad de su fondeadero, San Cristóbal nació como pequeño pueblo de pescadores. Esa fue su principal actividad económica durante décadas. Con el paso del tiempo, la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria se expandió hasta integrar a San Cristóbal en su área metropolitana. Desde entonces han florecido los negocios de restauración, también nutridos del pescado fresco que es su principal atracción. Así, el barrio conserva el carácter marinero que siempre será su seña de identidad.

Popularmente se viene llamando Castillo de San Cristóbal a lo que, en realidad, es una construcción defensiva llamada Torre de San Pedro Mártir. En el extremo norte del pueblo, la torre es la estampa más representativa de San Cristóbal. Construida sobre una gran roca en el mar, queda aislada en marea alta. Es una de las torres construidas para defender la ciudad de los ataques de finales del siglo XVI lanzados por piratas como Drake o Van der Does.

Hoy, San Cristóbal también alberga toda una joya de la cultura insular: la última carpintería de ribera (la fabricación artesanal de embarcaciones de madera). El maestro carpintero repasa las cuadernas con paciencia, ajustando el combado de cada pieza de madera, fijando con clavos y sellando las juntas, perpetuando una tradición milenaria. El resultado será otra nave que faenará en las aguas de Gran Canaria. Hay algo de romántico en esta relación entre el hombre, la madera y el mar.

A menudo se ve en San Cristóbal a grupos de niños en edad escolar que se acercan al barrio con sus maestros a conocer de cerca la vida del pescador. Aprenden los nombres de las artes de pesca, de cada pescado, de las técnicas usadas. Y lo más importante: escuchan la tradición oral de los pescadores de este barrio marinero, inspirando a las futuras generaciones. Quién sabe cuántos de esos niños decidirán llevar una vida dedicada al mar después de escuchar las mil historias y leyendas de los veteranos de San Cristóbal.